PLAN PERSONAL DE RETIRO EN MÉXICO: UNA ESTRATEGIA CLAVE PARA LA COMUNIDAD LGBTQ+

“¿Y si no tienes hijos,
quién va a ver por ti
cuando seas viejo?”

No tener hijos no es el problema. No tener estrategia, sí

A las personas LGBT esa pregunta no siempre nos la
hacen desde la inocencia. Muchas veces viene cargada
de juicio. De la idea de que si no seguimos el camino
“tradicional”, entonces algo nos va a faltar.

La pregunta suele disfrazarse de preocupación, pero en
el fondo trae una suposición incómoda:
que sin hijos estamos destinados a la soledad, al
abandono, a la dependencia.

Y aquí va algo que pocas veces se dice en voz alta:
Nosotros como comunidad, tenemos que aprender a
planear nuestra vida desde muy jovenes, porque no
todo está garantizado para nosotros.
Aprender a cuidarnos solos, como siempre lo hemos
hecho, a no dar por sentado nada.
Eso, lejos de debilitarnos, nos tiene que volver más
conscientes y más estratégicos.

Mientras muchos asumen que “alguien se hará cargo”,
nosotros debemos entender que el futuro se construye.
No se espera.

Tener hijos no es un seguro de vejez. Nunca lo fue.
Y hoy menos que nunca.

Yo no le tengo miedo a llegar a la vejez sin hijos.
Le tendría miedo a llegar sin estrategia y sin dinero.

Porque la vejez no empieza en la enfermedad.
Empieza en una etapa donde todavía hay energía,
curiosidad y ganas de vivir distinto. Viajar, moverse,
hacer ejercicio, explorar intereses que antes no cabían
en la agenda.
Eso también requiere estabilidad económica.

Y cuando llegue el momento de necesitar apoyo, no
quiero depender de la lástima ni de la buena voluntad
ajena.
Quiero elegir.
Elegir un buen asilo, buenos doctores y atención digna.
Elegir cómo vivir mis últimos años, no sobrevivirlos, por
falta de dinero.

Por eso, hablar de Planes Personales de Retiro en la
comunidad LGBT no es exageración ni paranoia.
Es coherencia.
Es entender que si históricamente hemos tenido que
construir nuestro propio camino, también podemos y
debemosconstruir nuestro propio retiro.

No queremos caridad.
No queremos dar pena.
Queremos dignidad.

Y si algo ha demostrado la comunidad LGBT a lo largo
del tiempo es esto:
cuando no nos dieron un lugar, aprendimos a crear
uno mejor.

La vejez no será la excepción.

“¿Y si no tienes hijos,
quién va a ver por ti
cuando seas viejo?”

No tener hijos no es el problema. No tener estrategia, sí

A las personas LGBT esa pregunta no siempre nos la
hacen desde la inocencia. Muchas veces viene cargada
de juicio. De la idea de que si no seguimos el camino
“tradicional”, entonces algo nos va a faltar.

La pregunta suele disfrazarse de preocupación, pero en
el fondo trae una suposición incómoda:
que sin hijos estamos destinados a la soledad, al
abandono, a la dependencia.

Y aquí va algo que pocas veces se dice en voz alta:
Nosotros como comunidad, tenemos que aprender a
planear nuestra vida desde muy jovenes, porque no
todo está garantizado para nosotros.
Aprender a cuidarnos solos, como siempre lo hemos
hecho, a no dar por sentado nada.
Eso, lejos de debilitarnos, nos tiene que volver más
conscientes y más estratégicos.

Mientras muchos asumen que “alguien se hará cargo”,
nosotros debemos entender que el futuro se construye.
No se espera.

Tener hijos no es un seguro de vejez. Nunca lo fue.
Y hoy menos que nunca.

Yo no le tengo miedo a llegar a la vejez sin hijos.
Le tendría miedo a llegar sin estrategia y sin dinero.

Porque la vejez no empieza en la enfermedad.
Empieza en una etapa donde todavía hay energía,
curiosidad y ganas de vivir distinto. Viajar, moverse,
hacer ejercicio, explorar intereses que antes no cabían
en la agenda.
Eso también requiere estabilidad económica.

Y cuando llegue el momento de necesitar apoyo, no
quiero depender de la lástima ni de la buena voluntad
ajena.
Quiero elegir.
Elegir un buen asilo, buenos doctores y atención digna.
Elegir cómo vivir mis últimos años, no sobrevivirlos, por
falta de dinero.

Por eso, hablar de Planes Personales de Retiro en la
comunidad LGBT no es exageración ni paranoia.
Es coherencia.
Es entender que si históricamente hemos tenido que construir nuestro propio camino, también podemos y debemos construir nuestro propio retiro.

No queremos caridad.
No queremos dar pena.
Queremos dignidad.

Y si algo ha demostrado la comunidad LGBT a lo largo
del tiempo es esto:
cuando no nos dieron un lugar, aprendimos a crear
uno mejor.

La vejez no será la excepción.

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