TODO LO QUE NECESITAS SABER SOBRE LOS SEGUROS
“¿Y si no tienes hijos, quién va a ver por ti cuando seas viejo?”
“¿Y si no tienes hijos, quién va a ver por ti cuando seas viejo?”
A las personas LGBT esa pregunta no
siempre nos la hacen desde la
inocencia. Muchas veces viene
cargada de juicio.
De la idea de que si no seguimos el
camino “tradicional”, entonces algo
nos va a faltar.
Como si nuestra vejez fuera una
especie de castigo por no encajar.
La pregunta suele disfrazarse de
preocupación, pero en el fondo trae
una suposición incómoda:
que sin hijos estamos destinados a la
soledad, al abandono, a la
dependencia.
Y aquí va algo que pocas veces se
dice en voz alta:
Nosotros como comunidad, tenemos
que aprender a planear nuestra vida
desde muy jovenes, porque no todo
está garantizado para nosotros.
Aprender a cuidarnos solos, como
siempre lo hemos hecho, a no dar por
sentado nada.
Eso, lejos de debilitarnos, nos tiene
que volver más conscientes y más
estratégicos.
Mientras muchos asumen que
“alguien se hará cargo”, nosotros
debemos entender que el futuro se
construye. No se espera.
Tener hijos no es un seguro de vejez.
Nunca lo fue.
Y hoy menos que nunca.
Yo no le tengo miedo a llegar a la
vejez sin hijos.
Le tendría miedo a llegar sin
estrategia y sin dinero.
Porque la vejez no empieza en la
enfermedad.
Empieza en una etapa donde todavía
hay energía, curiosidad y ganas de
vivir distinto. Viajar, moverse, hacer
ejercicio, explorar intereses que antes
no cabían en la agenda.
Eso también requiere estabilidad
económica.
Y cuando llegue el momento de
necesitar apoyo, no quiero depender
de la lástima ni de la buena voluntad
ajena.
Quiero elegir.
Elegir un buen asilo, buenos doctores
y atención digna.
Elegir cómo vivir mis últimos años, no
sobrevivirlos, por falta de dinero.
Por eso, hablar de Planes Personales
de Retiro en la comunidad LGBT no es
exageración ni paranoia.
Es coherencia.
Es entender que si históricamente
hemos tenido que construir nuestro
propio camino, también podemos y
debemosconstruir nuestro propio
retiro.
No queremos caridad.
No queremos dar pena.
Queremos dignidad.
Y si algo ha demostrado la
comunidad LGBT a lo largo del tiempo
es esto:
cuando no nos dieron un lugar,
aprendimos a crear uno mejor.
La vejez no será la excepción.
A las personas LGBT esa pregunta no siempre nos la hacen desde la inocencia. Muchas veces viene
cargada de juicio.
De la idea de que si no seguimos el camino “tradicional”, entonces algo nos va a faltar. Como si nuestra vejez fuera una especie de castigo por no encajar.
La pregunta suele disfrazarse de
preocupación, pero en el fondo trae
una suposición incómoda:
que sin hijos estamos destinados a la
soledad, al abandono, a la dependencia.
Y aquí va algo que pocas veces se
dice en voz alta:
Nosotros como comunidad, tenemos
que aprender a planear nuestra vida
desde muy jovenes, porque no todo
está garantizado para nosotros.
Aprender a cuidarnos solos, como
siempre lo hemos hecho, a no dar por
sentado nada.
Eso, lejos de debilitarnos, nos tiene
que volver más conscientes y más
estratégicos.
Mientras muchos asumen que
“alguien se hará cargo”, nosotros
debemos entender que el futuro se
construye. No se espera.
Tener hijos no es un seguro de vejez.
Nunca lo fue.
Y hoy menos que nunca.
Yo no le tengo miedo a llegar a la
vejez sin hijos.
Le tendría miedo a llegar sin
estrategia y sin dinero.
Porque la vejez no empieza en la
enfermedad.
Empieza en una etapa donde todavía hay energía, curiosidad y ganas de vivir distinto. Viajar, moverse, hacer ejercicio, explorar intereses que antes no cabían en la agenda.
Eso también requiere estabilidad
económica.
Y cuando llegue el momento de
necesitar apoyo, no quiero depender de la lástima ni de la buena voluntad
ajena.
Quiero elegir.
Elegir un buen asilo, buenos doctores
y atención digna.
Elegir cómo vivir mis últimos años, no
sobrevivirlos, por falta de dinero.
Por eso, hablar de Planes Personales
de Retiro en la comunidad LGBT no es
exageración ni paranoia.
Es coherencia.
Es entender que si históricamente
hemos tenido que construir nuestro
propio camino, también podemos y
debemos construir nuestro propio retiro.
No queremos caridad.
No queremos dar pena.
Queremos dignidad.
Y si algo ha demostrado la
comunidad LGBT a lo largo del tiempo es esto:
cuando no nos dieron un lugar,
aprendimos a crear uno mejor.
La vejez no será la excepción.
A las personas LGBT esa pregunta no siempre nos la hacen desde la inocencia. Muchas veces viene
cargada de juicio.
De la idea de que si no seguimos el camino “tradicional”, entonces algo nos va a faltar. Como si nuestra vejez fuera una especie de castigo por no encajar.
La pregunta suele disfrazarse de
preocupación, pero en el fondo trae una suposición incómoda:
que sin hijos estamos destinados a la soledad, al abandono, a la dependencia.
Y aquí va algo que pocas veces se dice en voz alta:
Nosotros como comunidad, tenemos que aprender a planear nuestra vida desde muy jovenes, porque no todo está garantizado para nosotros.
Aprender a cuidarnos solos, como siempre lo hemos hecho, a no dar por sentado nada.
Eso, lejos de debilitarnos, nos tiene que volver más conscientes y más estratégicos.
Mientras muchos asumen que
“alguien se hará cargo”, nosotros debemos entender que el futuro se construye. No se espera.
Tener hijos no es un seguro de vejez. Nunca lo fue. Y hoy menos que nunca.
Yo no le tengo miedo a llegar a la vejez sin hijos.
Le tendría miedo a llegar sin
estrategia y sin dinero.
Porque la vejez no empieza en la
enfermedad.
Empieza en una etapa donde todavía hay energía, curiosidad y ganas de vivir distinto. Viajar, moverse, hacer ejercicio, explorar intereses que antes no cabían en la agenda.
Eso también requiere estabilidad
económica.
Y cuando llegue el momento de
necesitar apoyo, no quiero depender de la lástima ni de la buena voluntad
ajena.
Quiero elegir.
Elegir un buen asilo, buenos doctores y atención digna.
Elegir cómo vivir mis últimos años, no sobrevivirlos, por falta de dinero.
Por eso, hablar de Planes Personales de Retiro en la comunidad LGBT no es
exageración ni paranoia.
Es coherencia.
Es entender que si históricamente hemos tenido que construir nuestro propio camino, también podemos y
debemos construir nuestro propio retiro.
No queremos caridad.
No queremos dar pena.
Queremos dignidad.
Y si algo ha demostrado la
comunidad LGBT a lo largo del tiempo es esto:
cuando no nos dieron un lugar,
aprendimos a crear uno mejor.
La vejez no será la excepción.